Surfeando ‘Las Landas’

Son muchas las historias y anécdotas que habíamos escuchado por parte de otros surfistas sobre ‘Las Landas’ , la costa Sur de Francia.

Sin duda, se había convertido en un lugar pendiente, pero jamás llegamos a imaginar lo cortas que se quedaban aquellas palabras hasta que cruzamos la frontera con nuestra autocaravana.

Hoy en día, la costa sudoeste de Francia es conocida mundialmente por sus pueblos con encanto, su gente simpática, su gastronomía y por el surf.

Esta región, también conocida como el Pais Vasco Francés, limita al oeste con el mar cantábrico desde Biarritz, bañada por el atlántico y la ubicación de sus playas son inmejorables para los buscadores de olas.

 

Preparar la ruta fue fácil, empezaríamos por el spot más cercano una vez cruzada la frontera y terminaríamos en Hossegor; y esto solo en 5 días.

Nos aprovisionamos y cargamos nuestro equipo, 2 tablas fish ( 6´6 / 5´11 ) y una  bonzer (6’4), teniendo por delante unas 10 horas desde Elche en autocaravana hasta nuestra primera parada.

 

HENDAYA

Esta ciudad fronteriza entre Francia y España limita al norte con el mar Cantábrico y se sitúa en en el territorio de la antigua provincia de Labort.

Llegamos de noche y estacionamos a pie de playa. Decidimos esperar desayunando dentro de la auto hasta que clareara un poco, ya que la oscuridad y los metros de arena que había dejado al descubierto la marea baja nos hacían imposible ese primer vistazo a las olas.

Al salir la luz ahí estaban, líneas y paredes plateadas que se perdían en el horizonte de su enorme playa de arena dorada, y al fondo las emblemáticas siluetas ‘Les Deux Jumeaux‘ aquellas dos imponentes rocas gemelas.

Sin perder un segundo, nos pusimos los neoprenos, enceramos las tablas y nos dirigimos a la playa. Tras una primera inspección a las corrientes durante el calentamiento, decidimos surfear cercanos a su espigón, allí la corriente creaba un canal de entrada en el que prácticamente no necesitabas remar.

La sesión fue épica, olas grandes y de calidad rompían con fuerza, pero contábamos con un buen periodo que te permitía situarte de nuevo rápidamente en el point-break.

Los surfistas de la zona eran amables y te aconsejaban al entrar por el canal; había lugar para todos en aquellas olas.

Aquella fría y lluviosa noche la pasamos dentro de la autocaravana. Cada uno tenía mucho que contar sobre ese baño, desde momentos de agobio y terror hasta surfeadas y maniobras que nos hacían brindar con aquellas cervezas que tanto nos merecíamos.

Retomamos la ruta a las 6 de la mañana del día siguiente y dejamos atrás aquel paraíso con el temor de no encontrar nada mejor, pero la necesidad de seguir explorando aquellas costas era aún más fuerte.

[«Explorar es realmente la esencia del espíritu humano» – Frank Borman]

 

BIDART

Llegamos a Bidart muy temprano. Estacionamos fácilmente en la carretera de acceso a la playa que elegimos para surfear y, tras pegar un bocado, caminamos hasta un acantilado cercano para inspeccionar las olas. Rápidamente nos arrepentimos por no haber traído nuestro longboard; las olas eran perfectas para aquella 9 pies, de 1 metro aproximadamente, suaves, densas y continuas.

Aun así nuestras tablas son anchas y gruesas, hechas pensando para el mediterráneo y quien conoce su surf sabe que en la mayoría de ocasiones con una tabla de pocos litros… vas apañado.

Aquella zona estaba plagada de rocas, pero conseguimos situarnos en una zona arenosa en la que además habían unos cuantos picos donde rompían las olas, formando una pared espumosa en su inicio que iba mejorando conforme la surfeabas. La playa era salvaje y estaba totalmente desierta.

 

Tras otro baño perfecto, cocinamos algunos productos de la región que habíamos comprado en un mercado cercano y abrimos una botella de vino para matar el regusto a agua salada. Seguíamos celebrando por aquellas olas y, después de un descanso, retomamos la ruta hacia el Norte.

 

BIARRITZ

Esta ciudad atestiguada como ‘ la ciudad del oceáno‘ y constituida antiguamente por un pueblo de pescadores de ballenas, pertenece a la región de Aquitanía, limitando al oeste con el Cantábrico, y es una de las principales localidades del territorio vascofrancés de Labort.

Conocida mundialmente como la capital histórica del surf en Europa, esta cultura está por todas partes, en las escuelas, tiendas y buenas olas.

Entramos en la ciudad cuando tan solo quedaban pocas horas de luz y nos dirigimos directamente a la playa. Llovía y el viento era cada vez más fuerte, pero aun avecinándose un temporal decidimos meternos al agua.

Encontramos aparcamiento en un parking al aire libre bastante céntrico, esto fue lo más difícil. Nos pusimos los trajes y fuimos andando hasta la playa. La gente estaba más que acostumbrada a los surfistas, por lo que pasamos totalmente inadvertidos en nuestra caminata en neopreno con la tabla bajo el brazo por el centro de la ciudad.

Conseguimos coger buenas olas, pero el elevado número de surfistas y el viento que te lo ponía cada vez más difícil nos hizo abandonar rápidamente la sesión.

Por la noche fuimos a un bar cercano en el que compartimos historias con surfistas locales y por supuesto, seguimos brindando por aquello.

 

 

HOSSEGOR

A la mañana siguiente llegamos a Hossegor; estacionamos la auto con la intención de pasar allí un par de días, pero aún no sabíamos que nos llevaríamos una multa por ello. Por lo visto pernoctar allí está totalmente prohibido fuera de las zonas habilitadas para ello.

Esta población de ‘Las Landas’ nos enamoró desde que la pisamos: sus extensas playas de arena dorada, sus dunas, pinedas, su gente e increíbles olas hacen de ella un destino digno de explorar.

Sin dudarlo fuimos directos al agua y gozamos de uno de los mejores días de nuestro viaje; el agua era cristalina, el viento calmado, las hondas que traían las olas se perdían en el horizonte y al llegar rompían creando huecos tubos en algunas secciones y olas más densas y manejables en otras. En definitiva, un paraíso para surfistas de todos los niveles.

Durante nuestra estancia tuvo lugar la competición ‘Quicksilver Pro France‘ de la WSL, campeonato mundial de surf. Decidimos dejarla para el último día, felices por el surf que aquellas aguas del Atlántico nos había regalado, y cerramos nuestro viaje con los aéreos y maniobras de vértigo de los participantes.

 

Emprendimos el camino de vuelta llenos de rozaduras, heridas y con los ojos rojos por el agua salada, pero cargados de anécdotas y felicidad que hicieron más ameno el viaje.

 

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